El problema no es estar sola, es darse de cuenta de lo sola que estás.
Entregué los mejores años de vida a ser la niña perfecta, solo para darme cuenta que a nadie le importó y que todo lo que hice se puede puede borrar con un solo grito. Al final, en todo este embrollo de la perfección me olvidé de equivocarme, de divertirme locamente o de, al menos, relajarme alguna vez.
Estudié lo que debía estudiar y aprendí a amarlo, aprendí a querer para disfrazar lo que me hacía falta, pero he llegado a mi límite porque aparte de perder la posibilidad de ser feliz, ignoré mis propios talentos: los que tuve y los que no tendré jamás.
Para colmo de males, amé tanto que idealicé y olvidé compleamente que las amistades se distancian, que la gente muere o sigue su propio camino y así, me fui quedando sola. Cada cual se concentra en lograr sus metas, en salir adelante por sí mismo, en ser mejor persona... y yo, ya no tengo ni con quien conversar. Rodeada de gente, vivo en la soledad absoluta y no quiero seguir este camino que yo misma me forjé. Quiero huir, arrancar y volar lejos, olvidar que debo dar explicaciones e ignorar que hay gente que (aun) me quiere...
Lo peor es que al final del día, solo yo sufro la consecuencias de mi "perfección" y debo seguir levantandome para terminar la farsa que yo creé.
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