jueves, septiembre 23, 2010

Llegaste con la primavera y te llevaste el invierno...

Nunca voy a llorarte todo lo que tengo adentro
Nunca voy a escuchar nuestra canción sin pensarte
Nunca dejaré de soñar que sales a recibirme
Nunca dejaré de esperar el momento de vernos otra vez.

Te fuiste rapidamente y te tranformaste en una de mis más grandes penas. No pude despedirme fisicamente, aunque el cariño nos entregó una oportunidad más bonita y mucho más increíble... gracias por no olvidarme, gracias por cumplir tu promesa, gracias por ser mi inspiración en este momento de mi vida.
Te dejé ir y me ha costado enormemente, porque quisiera que siguieras en tu casa, en tu pieza morada -no lila- coleccionando revistas y fotografías. Quisiera pensar que me llamarás, que iré a tu fiesta de cumpleaños esta semana y que todo sigue tal como debió seguir.
Pero déjame seguir escribiendo, diles que no me censuren con dureza, que entiendan que es mi manera de sentirte a mi lado, que es mi forma de perdonarme por dejar que pasara el tiempo. Solo así puedo dejar de pensar que debí ir a verte, que nos quedamos debiendo conversaciones y aclaraciones, solo de nosotras. Yo no puedo no extrañarte, yo no puedo no recordarte sonriendo, camino a la playa, agarrando mi mano para que no cayera... pintando mis uñas con delicadeza y recordandome que te carga que me vista de negro.
Amiga, no olvidaré que no te gustan las cabritas, que te encanta el pisco sour, que bailas a saltitos y que te enamoraste un par de veces. Déjame con tu recuerdo para siempre y dile al de allá arriba que me quite la pena porque ahora estás a su lado, esperando con paciencia a que tu Kddy vaya a hacerte compañía.

Celebra allá arriba porque acá abajo sabemos que estás bien. Aunque me duela tu ausencia y piense que irte ha sido la peor ocurrencia que has tenido.

Vives en todo lo que vivo, porque "personas como nosotros no olvidamos"

lunes, septiembre 20, 2010

Mañana

Supongo que cuestionar ahora todo el tiempo que he perdido ya no sirve de nada. Entiendo que mirar para adelante es lo único que podrá salvarme. Comprendo que hacer las cosas en serio y con perseverancia es aquello que me llevará dónde quiero estar. Ya sé lo que debo hacer: dejar de divagar y empezar con la praxis...
Debo, por fin, aprender la lección. Ya estoy grande y no soy una niña. ¡No sé por qué me hago la lesa! y lloro, persiguiéndome la cola como un perro loco, dando vueltas que no tienen sentido y que hacen más daño a quién mira que a quién se las da. Tomar todo esto en serio y saber cuándo terminar de escribir es la gracia.
Esto recién comienza, agradezco tener otra oportunidad.