
Este domingo, justo cuando me estaba concentrando en pelar una papa para ayudar a hacer el almuerzo, ocurrió lo terrible: mi perro, recién llegado a mi casa, se estaba escapando y, producto de un descuido de mi tía, corría desaforadamente hacía gran avenida, mientras dejaba atrás a mi tía que, angustiada, trataba de alcanzarlo. Entonces, olvidando la papa, salí corriendo detrás de mi perro. Entre gritos angustiados le gritaba que se detuviera y que volviera... pero para él eso era un chiste y ni pensaba volver, es más, de vez en cuando se volteaba, me miraba y seguía su carrera (pienso que si pudiera reír, lo habría hecho). Mi otro perro, Rufo, tal como Sancho, pretendía ayudar en mi empresa y corría a todo lo que dan sus patas cortas dejando al aire sus orejas largas, hasta que lo alcanzó y se puso por delante: ahí yo creí que había terminado la persecusión, pero no, el Rufo se puso a saltar de tal forma que el Colmillo creyó que el juego era en serio y se fueron corriendo los dos. Ahí si que se me apretó la guata porque creí que los había perdido, pero a ambos. Entonces, ya casi llegando al 31 de gran avenida, me senté en la cuneta... pero derrepente se me ocurrió una idea. Miré a mi alrededor y cuando ví que el Colmillo y el Rufo pretendían cruzar la calle grité: "¡Por favor agárrenlo que es cachorro y no sabe andar solo en la calle!" pero un caballero agarró al Rufo (¬¬) y yo le grité desesperada "¡Nooo, al otro!". Pero el Colmillo ya había cruzado la calle. Menos mal que nos dio verde y pudimos cruzar al tiro, y menos mal que la gente había entendido mis gritos de ayuda y lo afirmaron. Claro que el Colmillo casi muerde al caballero que lo agarró, pero yo, durante la carrera, ya me había sacado la polera que traía encima y se la puse al cuello, y así logramos cruzar la calle, pero de vuelta a casa.
Hasta ahí íbamos bien, pero, ya en la otra vereda, me di cuenta de que era mucha distancia para ir yo sola con el Colmillo solamente amarrado con mi polera, se safaría rapidito. Y ahí nos quedamos los tres: yo sentada en la tierra calmando el corazón del Colmillo y el Rufo saltando, cansado, pero feliz. Y justo cuando empezaba a rogarle a San Francisco de Asís que nos ayudara, apareció mi papá, con sus brazos fuertes y su disposición para ayudar.
Y así nos fuimos para la casa, mi papá agarrando al Colmillo con mi polera y yo con el Rufo contentos por haber logrado el objetivo. Somos un equipo campeón.
1 comentario:
Que tieeeerno el final. Me emocionó.... de verdad. Wena historia.
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